dimarts, 24 d’abril de 2018

La esperanza de los 'pioneros' del Valle de los Caídos: "No hay rencor, solo ganas de tener a los nuestros"

https://www.eldiario.es/sociedad/esperanza-pioneros-Valle-Caidos-Espana_0_763973969.html

"Esperanza" ante el inicio de los trabajos de exhumación en el Valle de los Caídos. Los familiares de víctimas de la guerra civil y el franquismo enterradas en la mayor fosa común de España asumen el paso dado este lunes con anhelo, pero también "con cautela". Y es que la tarea preliminar del Instituto Torroja de Ciencias de la Construcción será evaluar en qué condiciones se encuentra el lugar e irá seguida de un informe sobre la situación del osario y la viabilidad, o no, de recuperar los restos reclamados.
Un juzgado de El Escorial  permitió acceder al mausoleo donde está enterrado Franco para sacar a los hermanos Manuel y Antonio Lapeña, asesinados por los golpistas en 1936. Era la primera sentencia de este calibre, cumplida dos años después no sin superar antes un carrusel de obstáculos. Patrimonio Nacional accedió a rescatar a los combatientes franquistas Pedro Gil Calonge y Juan González Moreno. De ahí, el 23 de abril de 2018 los peritos de la institución perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han entrado en Cuelgamuros.
"No habrá resultados claros ni inmediatos", asume Pedro Fausto Canales, uno de los "pioneros" en reclamar el rescate de las víctimas enterradas en el mausoleo franquista sin consentimiento de sus familias. "Esperanza y una puerta abierta para el resto de las familias, el principio del fin para todos", resume desde Cuelgamuros a eldiario.es la presidenta de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos enterrados en el Valle de los Caídos, Silvia Navarro.

Las cajas 198 y 10.672

Pedro Fausto Canales busca a su padre, Valerico Canales Jorge, y a su tío, Victorino. La entrada de los arqueólogos en el Valle de los Caídos le da "esperanza" aunque prefiere mantener la "cautela". Por eso toma la jornada "como un día cualquiera", porque está "en la misma situación", dice: esperando permiso para rescatar a sus muertos.
Silvia Navarro, presidenta de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos enterrados en el Valle de los Caídos.
Silvia Navarro, presidenta de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos enterrados en el Valle de los Caídos.
La "cuestión" principal reside en que "todo esto tiene una dificultad técnica y que necesita voluntad", señala. Los técnicos del Instituto Torroja "tendrán que ver la viabilidad de acceso y la seguridad de poder actuar", un extremo que Canales no ve del todo claro "porque en virtud del informe, si entienden que no se puede pues… El inicio es esperanzador, pero tenemos que tener cautela".
"Tenemos los mismos derechos que todo el mundo y esperamos que estas actuaciones tengan continuidad", reclama. Él mismo lleva "investigando desde el año 2000" y con peticiones oficiales desde hace casi una década. Incluso a través de la querella argentina, como adelantó este periódico, cuando la jueza María Servini envió en 2016 un exhorto "al juzgado de lo penal correspondiente de El Escorial" que fue devuelto "sin siquiera admitir el informe que justificaba la actuación".
El padre de Fausto está entre las siete víctimas de Pajares de Adaja (Ávila) asesinadas en una cuneta del vecino pueblo de Aldeaseca. Eran una mujer, Flora Labajos, y Celestino Puebla, Emilio Caro, Román González, Pedro Ángel Sanz y Víctor Blázquez, además de Valerico Canales. Fueron sacados de sus casas en la madrugada del 20 de agosto del 36, ejecutados y sus restos trasladados a Cuelgamuros el 23 de marzo del 59.
Ahí siguen, "dentro de la caja 198". En el primer nivel de la cripta derecha, detrás de la capilla del Sepulcro. Su tío, Victorino, murió en el frente de Brunete. Había ido a Salamanca para estar más seguro y acabó alistado forzosamente a las tropas franquistas. "Me voy, no me voy a dejar coger como un corderito", dijo a su familia. Inhumado en un cementerio militar de los golpistas, pasó al Valle de los Caídos el 30 de diciembre de 1968. Está en la caja 10.672 de la cripta África, identificado con nombres y apellidos.

"Esto no ha hecho más que empezar"

"Soy sobrina nieta de José Antonio Marco, que fue secuestrado de su casa y asesinado en las tapias del cementerio" de Calatayud (Zaragoza), expone Silvia Navarro. El cuerpo fue sepultado en la fosa común del camposanto local el 2 de septiembre del 36. "Hasta que en abril del año 59 llegan unos camiones, proceden a exhumar la fosa y trasladan los restos al Valle de los Caídos", apunta.
Francisco Cansado (en el centro) junto a miembros de la asociación en la entrada del Valle de los Caídos.
Francisco Cansado (en el centro) junto a miembros de la asociación en la entrada del Valle de los Caídos.
Ahora la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos enterrados en el Valle de los Caídos queda "a la espera del informe preliminar de Patrimonio Nacional". Y continuarán trabajando para activar nuevas exhumaciones. "Esto no ha hecho más que empezar y ahora más esperanzados que nunca después de años de espera y gestiones infructuosas que no llegaban a ningún sitio", señala Navarro.
"Estoy esperanzado; tarde o temprano se conseguirá, aunque sabemos que no va a ser tan rápido, que es un camino difícil y político, y más si ponen obstáculos", resume Francisco Cansado, que también ha asistido junto a varias familias al inicio de los trabajos de prospección arqueológica.
"Trato de rescatar los cadáveres de mi abuelo y de su hermano, José y Antonio Cansado Lamata", apunta. Creen que están en el mismo columbario que otra decena de personas asesinadas y enterradas en una fosa de Morata de Jalón. Sonlos 12 de Ateca. Y cuentan que fueron obligados por los fascistas a cavar su propia tumba. La familia Cansado también participó en el escrito de  denuncia que interpuso ante Naciones Unidas el abogado Eduardo Ranz, que también ha impulsado la exhumación de los Lapeña.
Los restos óseos de los hermanos Cansado y el resto de víctimas de Ateca acabaron en el Valle de los Caídos en el año 59. "La esperanza es que este proceso termine, y cuanto antes, mejor", señala, "aunque para llegar hasta aquí hayan hecho falta seis años de vericuetos judiciales". Y "se conseguirá porque no existe odio ni rencor, sólo ganas de tener a los nuestros en sus sitios de origen".

Los 345 cordobeses de Mauthausen vuelven a casa

https://www.eldiario.es/andalucia/cordoba/cordobeses-Mauthausen_0_763623980.html


"En memoria y homenaje a las 345 víctimas cordobesas del nazismo alemán, que fueron deportadas a los campos de exterminio nazis por defender la libertad en la Segunda Guerra Mundial". Es la leyenda que preside, desde este mes de abril, el monumento erigido en Córdoba en recuerdo de todos los cordobeses que estuvieron en los campos de concentración alemanes. Un lugar para el recuerdo, que trae al presente la memoria de aquellas víctimas, con sus nombres grabados, para que no se borren del espacio que ocuparon en la historia de esta tierra.
Licesio López fue uno de esos cordobeses. Natural de Alcaracejos  (1917), se unió al Ejército republicano cuando comenzó la Guerra Civil, con 19 años. En la contienda, cruzó el río Ebro herido y, desde allí, se encaminó a cruzar la frontera francesa, rememora su sobrino, José Ávalos. Él apenas era un crío, pero recuerda los comentarios en casa sobre su tío, sobre su huida y sobre todo lo que después pasó.
Lo que después pasó fue que Licesio luchó con Francia formando parte de la legión extranjera y "abandonado por los franceses", cayó preso de Alemania. Su destino fue el campo de concentración de Mauthausen. Como ocurrió con el resto de los 345 cordobeses que acabaron en manos de los nazis.
Licesio entró en Mauthausen el 27 de enero de 1941. Más de dos tercios de los cordobeses deportados al campo de concentración murieron allí. Solo 90 sobrevivieron. Licesio fue uno de los que lo logró. Salió de allí el 5 de mayo de 1945, cuando el campo de concentración fue liberado por el ejército estadounidense, recibido bajo una pancarta cuya leyenda quedó para la historia:"Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras".
Su sobrino recuerda hoy, ante el monumento que trae hasta el presente la memoria de los cordobeses que estuvieron en los campos nazis, cómo Licesio fue uno de los pocos que soportó aquel horror y sobrevivió. Vivió después en Francia, tachado de apátrida y sin el reconocimiento como español por el régimen franquista, con miedo a volver a su propio país, a su tierra. No fue hasta 47 años después de salir de su pueblo cuando Licesio volvió a pisar tierras cordobesas. Pero solo vino de visita; su vida estaba hecha ya en Francia y allí, finalmente, murió.
Su nombre está grabado para siempre en el monumento que Córdoba ha levantado a las víctimas cordobesas del nazismo. Como el nombre de Manuel Tejero, natural de Villanueva del Duque, que también se exilió a Francia con 18 años y, desde allí, fue deportado por los fascistas a Mauthausen. Él fue otro de los que logró salir con vida del campo de concentración y siguió su vida en Francia, donde también murió.

El campo de los españoles

Decenas de nombres se agolpan en esta placa cobriza, como se agolpan los recuerdos, las historias de cada uno, las cartas y la documentación que conservan sus familiares. Familias que vieron salir a sus hijos y sus nietos durante la Guerra Civil desde una cincuentena de pueblos y la capital cordobesa.  
Mauthausen fue el campo de los españoles, el campo de los cordobeses, todos procedentes de Francia. El franquismo los marcó como ciudadanos sin patria. La mayoría perdió la vida en el exterminio nazi. Los que lograron salir de allí, siguieron viviendo fuera de su país. Ahora, en la Glorieta de Nüremberg de la capital cordobesa, la vía pública que lleva el nombre de la ciudad donde se juzgó al nazismo y sus crímenes, hoy todas las víctimas de entonces han vuelto a casa de nuevo.

Meirás. Un pazo / un caudillo / un espolio. Carlos Babío Urkidi, Manuel Pérez Lorenzo



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La Librería de El Sueño Igualitario
26758
Meirás. Un pazo / un caudillo / un espolio. Carlos Babío Urkidi, Manuel Pérez Lorenzo
413 páginas 17 x 24 cms.
20 euros
Fundación Galiza Sempre
Unha das imaxes que máis asociamos á ditadura de Franco é a da silueta do Pazo de Meirás. Residencia de verán do Xefe do Estado durante case catro décadas, o edificio, construído pola escritora Emilia Pardo Bazán, chegaría ás mans do ditador nun proceso marcado polas coaccións e os abusos sobre unha poboación sometida ao aparello represivo do réxime.
O presente volume estuda e documenta eses procedementos e analiza a actuación das administracións en Meirás, co investimento continuado de fondos públicos nunha propiedade que, á morte de Franco, ficaría nas mans da súa familia. Un relato que vén botar luz sobre unha historia que o franquismo nos transmitira en termos ben diferentes. O relato dun tempo que axuda a explicar, en boa medida, o noso presente.
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Así era la red corrupta de Franco para engordar su patrimonio y enriquecerse
Carlos Babío y Manuel Pérez Lorenzo presentan el libro en el que analizan 'Meirás. Un pazo. Un caudillo. Un expolio', miles de documentos y decenas de testimonios que explican cómo diseñó Franco la estructura corrupta con la que engordó su patrimonio robando bienes e inmuebles como el histórico pazo, que sus herederos siguen disfrutando hoy
JUAN OLIVER
Franco diseñó una estructura corrupta para enriquecerse ilícitamente con fondos públicos y mediante el expolio de inmuebles y bienes de las familias a las que robaba. Así engordó su patrimonio y el de los suyos, que 42 años después de su muerte siguen disfrutando impunemente de aquel latrocinio sin que las instituciones democráticas hayan querido o podido hacer nada serio para impedirlo.
El ejemplo más relevante es el Pazo de Meirás, la residencia estival de los Franco desde que el tirano se apropiara de él en 1939 mediante una falsa donación popular. Pero no es el único.
El historiador Manuel Pérez Lorenzo y el investigador Carlos Babío Urkidipresentan este martes en A Coruña Meirás. Un pazo. Un caudillo. Un expolio, un volumen de más de 400 páginas fruto de 21 años de investigaciones en el que revelan cómo el dictador se apropió sin freno de todo aquello que le apetecía a élo a su mujer. Daba igual si se trataba de la vivienda de una familia de labradores próxima al pazo, de unas estatuas medievales de la catedral de Santiago o de un palacete de propiedad municipal en pleno casco histórico de A Coruña. Si Franco o Carmen Polo lo querían, era suyo. Y quienes les ayudaban a conseguirlo sabían que podían desde entonces gozar de su favor.
El libro de Babío y Pérez Lorenzo analiza más de mil documentos históricos y decenas de testimonios orales, que desvelan el modo de proceder del tirano y de su familia. Buena parte se centran en el expolio de Meirás, el palacete construido por la aristócrata ilustrada Emilia Pardo Bazán en el municipio coruñés de Sada y con el que los Franco se encapricharon poco después de que empezara la Guerra.
Antes de que acabara, ya era suyo de facto, después de que esa red corrupta organizara una colecta popular que obligó a miles de ciudadanos a donar dinero bajo amenazas, o a ver cómo se les detraían cantidades de sus nóminas si eran funcionarios o trabajaban para empresas públicas. Con eso, y con la derivación de fondos de ayuntamientos de la provincia y de la Diputación de A Coruña se nutría la caja de la Junta pro Pazo que entregó el inmueble al dictador, propiedad que fue ampliando poniendo a su nombre tierras adquiridas con fondos públicos o robadas a los vecinos y vecinas de Meirás.
Una de sus víctimas fue la abuela de Carlos Babío, Josefa Portela Abel, quien vivía en una casa próxima al pazo con tres de sus cinco hijos (los otros dos estaban en el frente de guerra). Un día los echaron de la vivienda y les dijeron que no volvieran. Lo mismo les sucedió a otros habitantes de Meirás, a quienes expulsaron sin compensación alguna y mediante acciones violentas de las tierras que les daban de comer.
Pero Franco no se limitaba a robar. “Con esas posesiones hacía” negocio, cuenta Babío. Entre las decenas de microhistorias relatadas en el libro figura la de la empresa Pazo de Meirás. Productos de la Huerta, la compañía a través de la que los Franco comercializaban la madera talada y las plantaciones de maíz y lúpulo que se cultivaban en el pazo, y para cuya explotación se empleaban recursos de una empresa estatal, Misión Biológica de Galicia.
Franco hacía entonces negocio con Meirás, y su familia siguió haciéndolo tras su muerte con un sonado pelotazo urbanístico: la venta de los terrenos de un acuartelamiento militar próximo al pazo que se construyó en terrenos aledaños comprados de nuevo con fondos del Estado y puestos a su nombre sin más explicación.
El modus operandi
El libro está repleto de casos concretos documentados y explicados que indican cómo se diseñaba y ejecutaba modus furari habitual mediante el que la familia se hacía con todo lo que se antojaba. Como las estatuas medievales de la Catedral de Santiago que hoy reclama el Ayuntamiento de la capital gallega, o las Torres de Bendaña, un pazo en el municipio de Dodro que fue desmontado piedra a piedra para construir con ellas la balaustrada de Meirás y para que Carmen Polo pudiera adornar sus jardines con sus valiosas piezas interiores. También la Casa Cornide de A Coruña, un palacete levantado a mediados del siglo XVIII en pleno casco histórico de la ciudad y que Franco obtuvo tras una subasta amañada por la Casa Civil del caudillo para lograr que el Ayuntamiento, su legítimo propietario, se la adjudicara a quien era su testaferro.
Según los autores de Meirás. Un pazo. Un dictador. Un expolio, en torno a ese eficaz método habitual de robo se construyó una red corrupta integrada por buena parte de las élites coruñesas que componían los círculos sociales próximos a la familia Franco, que se retroalimentaban recibiendo y otorgando favores que aún siguen cobrándose y devolviéndose hoy en día.
El libro desvela la vinculación de aquellas familias con el expolio, e incluso la participación activa y necesaria de muchas de ellas en aquellos robos. Aparecen apellidos de banqueros, empresarios, industriales y propietarios de medios de comunicación que se autoasignan hoy la medalla de ilustres defensores de la Constitución, como protagonistas de rocambolescas historietas de corruptelas y bajezas varias. Incluso los hay de personas cuyos herederos se sientan hoy al frente de algunas de las más relevantes instituciones del Estado.
Porque, como recuerda Babío, ha sido el propio Estado español el que ha permitido a losFranco alardear de impunidad ante cualquier exigencia de que se devuelva lo robado y se reparen los daños causados. “En Meirás no hubo transición democrática. El entonces jefe del Estado y hoy rey emérito aterrizó en helicóptero en Meirás para rendir honores a Carmen Polo apenas un año después de la muerte de Franco, y creó para ella el título del Señorío de Meirás a los cuatro días de su coronación”, narra el investigador.
Babío recuerda que el tema de la casa que los Franco robaron a su familia para engordar Meirás era tabú entre los suyos. “Mi padre apenas lo mencionaba, y mis tías siempre se negaban a hablar de ello. Era tal el dolor y el miedo que les sembraron dentro que se echaban a llorar en cuanto les preguntabas”, cuenta.
Él no cree que nadie vaya a devolverles lo suyo, y de hecho ni siquiera esa es su intención. “La casa de mi abuela, como el pazo y todos los bienes que los Franco expoliaron, deben pasar al patrimonio público. Y deben servir para que se explique y se cuente cómo fue la historia de la dictadura”, concluye. Babío y Pérez Lorenzo presentarán Meirás a las 20.00 horas de este martes 28 en el salón de actos de la sede de la Fundación Once en la rúa Cantón Grande de A Coruña. En el acto participarán Francisco Jorquera, de la asociación Galiza Sempre; María Xosé Bravo, de la Asociación Cultural Alexandre Bóveda, y Goretti Sanmartín, vicepresidenta de la Diputación de A Coruña.
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La Cuenca Central, la gran desconocida de la Guerra Civil en la provincia


http://www.diariodeteruel.es/noticia.asp?notid=1005096&secid=3#.Wt777iZJfKc.facebook


24/4/2018


La Comarca va a poner en valor vestigios en Vivel, Martín del Río, Rudilla y Las Parras de Martín


Vivel del Río es uno de los municipios que más vestigios de la Guerra Civil tienen en la Comarca Cuencas Mineras
Vivel del Río es uno de los municipios que más vestigios de la Guerra Civil tienen en la Comarca Cuencas Mineras
La Cuenca Minera Central es la gran desconocida de la Guerra Civil en la provincia de Teruel. Sin embargo cuenta con innumerables vestigios de la contienda  al ser línea divisoria entre el Ejército Nacional, (Jiloca) y el Ejército Republicano, (Cuenca Minera). La Comarca Cuencas Mineras ha elaborado a través de la empresa Griegc, un voluminoso inventario con el 80 por ciento de todos los vestigios de la Guerra Civil. Está pendiente de la aprobación de un convenio de colaboración con el Inaem para iniciar la restauración y puesta en valor en este mismo año de vestigios de la Guerra Civil en Vivel de Río, Martín del Río, Rudilla y Las Parras de Martín.
El presidente de la Comarca Cuencas Mineras, José María Merino, manifestó que se lleva más de dos años trabajando en el proyecto de puesta en valor y recuperación de los vestigios de la Guerra Civil de la Cuenca Central para tener un recurso más que ofrecer al turismo y crear actividad económica y empleo en una zona que envejece. 
“Los vestigios de la Guerra Civil son una oportunidad tan buena como otra cualquiera para generar actividad económica y empleo. En una Comarca como la nuestra que ha sido golpeada brutalmente por la pérdida de empleo a consecuencia del cierre de sus minas y de sus centrales térmicas, debemos utilizar cualquier recurso que nos ayude a dinamizar y reconvertir nuestra comarca y los numerosos vestigios de la guerra civil pueden ayudar sin duda a ello”.
El primer paso que ha dado la Comarca Cuencas Mineras ha sido la realización de un inventario de vestigios de la Guerra Civil española ubicados en los términos municipales. Hasta el momento se ha catalogado aproximadamente el 80 por ciento de todos los vestigios, identificando su función,  georeferenciando su posición con sus coordenadas y situándolos en el mapa de la comarca para tenerlos localizados en posibles estudios posteriores. “La intención de la Comarca es recuperar aquellos más importantes por su relevancia en su construcción  o por su cercanía a las poblaciones o caminos que hagan más fácil el visitarlos”, valoró.
Hasta el momento, los vestigios más importantes se han encontrado en las localidades de Vivel del Río, Martín del Río, Huesa del Común, Rudilla, Segura de Baños, Utrillas (Las Parras de Martin) y en toda la zona de la Sierra de San Just que da a los pueblos de La Val, como Mezquita de Jarque, Cuevas de Almudén, Hinojosa y Aliaga, conservándose todavía en Vivel de Rio o Rudilla, inscripciones en el hormigón de los parapetos sobre Azaña o la República,  “viva el ejército español”, o incluso los nombres de las personas que allí combatieron, entre otras inscripciones, quedando todavía hoy en día, algunos lugares sin terminar de explorar como los restos del aeropuerto republicano de Muniesa o la zona de Torre de las Arcas, que sin duda proporcionarán mas vestigios en el futuro.
En este punto, Merino indicó que se había pedido información al Ejército sobre la documentación que tenga del aeropuerto republicano en Muniesa.
José María Merino reseñó que el siguiente paso que se va dar en sobre los vestigios de la Guerra Civil en la Cuenca Minera Central para este mismo año es firmar un convenio de garantía juvenil con el Inaem, que ya se ha solicitado y se espera su aprobación, para la limpieza y restauración en vestigios ubicados en 4 localidades de la comarca. 
Este convenio, donde la Comarca Cuencas Mineras pone el 60 por ciento del presupuesto y el Inaem el 40 por ciento restante, dará empleo, destacó Merino, a 5 jóvenes durante medio año y a un arqueólogo. “El presupuesto que ha consignado la Comarca Cuencas Mineras para este convenio es de 75.000 euros. Queremos ayudar a dar trabajo a los jóvenes a la vez que recuperamos vestigios de la Guerra Civil. En nuestra zona falta empleo para los jóvenes”, subrayó. 
Las cuatro localidades donde se va actuar en la recuperación de vestigios de la Guerra Civil española en Cuencas Mineras son en Vivel del Río, Martín del Río, Rudilla, (barrio rural de Huesa del Común) y Las Parras de Martín (barrio rural de Utrillas). 
En Vivel del Río se actuará en las trincheras que tienen cinco estructuras de hormigón. En Martín del Río en los nidos de ametralladoras que controlaban la carretera entre Martín del Río y Vivel del Río. En los años de la Guerra Civil la carretera nacional que unía Teruel con el Bajo Aragón transcurría por Perales del Alfambra, Pancrudo, Vivel del Río, Martín del Río. La tercera actuación de restauración de vestigios de la Guerra Civil será en Rudilla, localidad muy castigada en la Guerra Civil. “Se van a recuperar dos parapetos y en Las Parras de Martín se restaurarán trincheras y parapetos construidos en piedra seca”. 
En esta línea de actuaciones, la Comarca Cuencas Mineras busca que algún Ayuntamiento, dijo José María Merino, se lance a tener un centro de interpretación de la Guerra Civil en la zona. “La idea es que se trabaje de forma coordinada con la Batalla de Teruel y su relación con el Frente del Ebro con lo que se generaría un flujo de personas que interesaría a todos. Se dinamizaría la comarca y se mostraría a los jóvenes lo que ocurrió para que nunca vuelva a repetirse”.
Fiel a la República
Desde el inicio de la contienda el 18 de Julio de 1936, la comarca minera permaneció fiel a la república, haciéndose fuerte frente a los sublevados, gracias a la incorporación de columnas de milicianos procedentes de Cataluña y otros lugares de España, lo que provocó una división total en el sur de Aragón, quedando Teruel, la Sierra de Albarracín y la zona del Jiloca controladas por los sublevados mientras que los republicanos llegaron desde las zonas mineras hasta Segura de Baños, Anadón, Huesa del Común, Rudilla, Fuenferrada y Villanueva del Rebollar, retrocediendo en esta última zona  hasta las afueras de Vivel del Rio y Martin del Río en febrero de 1937 por el empuje del bando contrario, formándose allí un frente activo que duraría más de un año, ya que el objetivo era controlar las minas de Utrillas y el ferrocarril que  conectaba la estación de Utrillas-Montalbán con Zaragoza dada la importancia logística que tenía para el transporte de tropas y materiales, así como el control de la carretera que conectaba Teruel con el Bajo Aragón o el Maestrazgo por su importancia estratégica.
La duración prolongada de este frente, hizo que algunas fortificaciones se reforzaran con hormigón y carriles de tren o con cantos rodados y hormigón en otras ocasiones, perdurando hasta nuestros días por la solidez de algunas de estas construcciones, además existen gran cantidad de trincheras excavadas en tierra, parapetos construidos con piedra seca o polvorines donde guardaban la munición.
Vivel del Río, municipio castigado
Un municipio donde se va actuar en la restauración de vestigios de la Guerra Civil, trincheras,  por parte de la Comarca Cuencas Mineras va a ser Vivel del Río. Este municipio fue uno de los que más sufrió la Guerra Civil en la Comarca Cuencas Mineras. Vivel quedó  establecido como línea de frente entre el ejército Republicano y el ejército de Franco. Desde julio de 1936 hasta febrero de 1937 la ocupación del pueblo la ejercen los republicanos. A partir de febrero de 1937 hasta el final la ocupación la ejerce el ejército de Franco.
Se puede decir que son dos ocupaciones diferentes. En la primera no hay un asentamiento de tropas estable en el pueblo. En la segunda sí que hay asentamiento estable y las tropas de Franco se fortifican construyendo trincheras, casamatas, etc .Cuenta con una fosa localizada en La Solana, justo detrás de la columna de granito que la 4ª División de Navarra levantó en memoria de sus hombres muertos en esa zona en el año 1959. Sin embargo los hombres que yacen en la fosa no fueron en vida soldados de esa unidad sino militares republicanos muertos durante la ofensiva rebelde del 9 al 17 de marzo de 1938. Su número podría fijarse entre 12 y 14 a decir de los informantes, pero se desconocen sus identidades y su lugar de origen, a excepción de Benito García Diez, natural de Olmedo (Valladolid). Fueron enterrados por un grupo de vecinos de Vivel.

El rostro más humano del Stanbrook

http://www.diarioinformacion.com/alicante/2018/04/09/rostro-humano-stanbrook/2007202.html




La Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica dedica un busto a Archibald Dickson, el capitán del buque donde partieron al exilio miles de republicanos hace 79 años

10.04.2018 | 00:10
Las pasajeras del Stanbrook Alicia y Helia González asistieron emocionadas a la inauguración. 
El rostro más humano del Stanbrook
El rostro más humano del Stanbrook
Dos tripulantes de aquel trayecto hasta Orán asisten al acto.
«El capitán Dickson nos cogió con sus brazos. Él nos subió al barco. Mi hermana Helia tenía cuatro años y yo tenía tan solo dos, pero ese momento no lo podremos olvidar nunca». Alicia González hablaba ayer emocionada, sujetando el busto de Archibald Dickson, el marino galés que estaba la frente del buque Stanbrook donde ambas, junto con sus padres y cerca de 3.000 republicanos pudieron escapar desde Alicante hasta el exilio en Orán.
Desde ayer, el Muelle de Levante muestra una escultura del capitán que en marzo de 1939 dejó en tierra toda la carga que debía transportar al otro lado del Mediterráneo y aceptó subir a su barco a represaliados por el franquismo, que buscaban salvar su vida en los albores de la Guerra Civil. La Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica dio ayer un paso más en su lucha por reivindicar espacios y personas como símbolos de la libertad, e inauguró un busto en homenaje al capitán Archibald Dickson, situado junto al monolito colocado en 2014, 75 años después que el Stanbrook zarpara de Alicante rumbo a Argelia.
Poco después de descubrir la escultura, oculta tras unas banderas republicanas, las personas que se acercaron ayer al puerto quisieron conocer cómo era aquel capitán británico que vinculó su nombre a la historia de Alicante. El autor del busto, el malagueño Luis Gámez, ha dispuesto de pocas fuentes de documentación para realizar su obra. Gracias a fotografías ha tratado de reflejar «la dignidad» de un hombre que mira hacia el frente con seguridad.
El busto de Dickson, como señaló ayer el conseller de Transparencia Manuel Alcaraz, está ahora «arrullado por la brisa del mar». Junto a Alcaraz, asistieron al acto numerosos componentes de la Comisión Cívica, además del director territorial de Presidencia en Alicante, Esteban Vallejo, la concejala de Hacienda, la socialista Sofía Morales, y otros ediles de la corporación alicantina, como Miguel Ángel Pavón y Julia Angulo (Guanyar) o Natxo Bellido y María José Espuch (Compromís).
Helia González fue la pasajera del Stanbrook 2.276 y su hermana Alicia, la 2.277. Ayer llegaron algo tarde al descubrimiento del busto de Dickson, pero aquel mes de marzo de 1939 subieron a tiempo a un barco que, posiblemente, les permitió seguir con vida. Casi 80 años después, a Helia no le salían las palabras: «El capitán se lo merece todo. Su humanidad salvó a tanta gente que le estaremos eternamente agradecidas».
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