dimarts, 25 de febrer del 2014

CeAQUA. 25/02/14.


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Posted: 24 Feb 2014 02:12 PM PST
Haciendo Memoria
La tragedia de los niños robados a sus familias sigue muy viva en España entre otras cosas por la ausencia de investigaciones oficiales al respecto. Es una práctica que se inició en 1939 tras la victoria del bando franquista en la Guerra Civil tal y como sostienen reputados historiadores e investigadores del fenómeno. Desde esa fecha y hasta 1952 un total de 30.000 niños, la mayoría recién nacidos, fueron arrebatados a sus familias de acuerdo con estimaciones judiciales.
Inicialmente los bebés eran arrancados impunemente de los brazos de las presas republicanas condenadas a muerte o a largos años de presidio. La práctica fue extendiéndose poco a poco a los hospitales. Las víctimas, siempre las mismas: familias desafectas al régimen o, simplemente, de escasos recursos económicos.
Fue una práctica tan instalada que traspasó las fronteras de la transición y de la democracia, lo que ha multiplicado por diez el número de desaparecidos de la etapa inicial.
Un gran número de españoles buscan hoy a sus hijos o hermanos robados en la cuna. Lo hacen con el nulo respaldo de las autoridades políticas y judiciales, según afirman. Tanto es así que muchos de ellos han incluido sus denuncias en la querella argentina contra los crímenes del franquismo. Es su última esperanza de recuperar la parte de su vida que les fue arrebatada. Padres, hermanos e, incluso, una niña robada relatan en este documental los capítulos más tristes de su azarosa vida y su lucha por obtener justicia.

Posted: 24 Feb 2014 12:51 PM PST
§ La ‘Asociación Víctimas 3 de Marzo‘ organiza una charla y la exhibe dos documentales en conmemoración de los hechos ocurridos en Vitoria en 1976.
§ Esperan que la instrucción abierta por la juez argentina Servini para investigar crímenes del franquismo prospere y “se haga justicia”.
La ‘Asociación Víctimas 3 de marzo’ encara la semana previa al 38 aniversario de los trágicos acontecimientos que se saldaron con cinco obreros muertos tras una protesta laboral, con diversas actividades para mantener vivo el recuerdo de lo ocurrido en Vitoria en 1976, porque tal y como afirman “38 años después, seguimos sin justicia”. Andoni Txasko, portavoz de la asociación insiste en que “fue una acción organizada desde el Estado, una acción terrorista cuyos autores nunca han sido juzgados”.
Aún así desde la asociación se muestran esperanzados por que prospere la instrucción abierta por la juez argentina María Servini de Cubria para investiga los crímenes del franquismo, y en la que han podido testificar algunos de los afectados. “Ha tenido que ser un juzgado de Argentina el que se interese por el caso”, ha dicho Txasko, pero “nos abre la esperanza de que se haga justicia”, reconoce. A la espera de conocer el progreso que pueda tener la querella abierta en Argentina y de que la juez dicte el auto de imputaciones concreta, , desde la asociación dicen que “vamos a seguir empeñados en romper la impunidad del Estado”.
Los actos programadados incluyen la exhibición de dos documentales y una charla-debate. El martes 25 de febrero tendrá lugar en la sede de la asociación, la proyección de la cinta ‘El lugar que ya no está’, un documental que relata través de los testimonios directos de víctimas, la represión franquista en la provincia de Burgos, y se asoma a las aportaciones de las asociaciones y personas que trabajan hoy en ese mismo escenario en la recuperación de la memoria histórica.
Al día siguiente un charla-coloquio abrirá el debate sobre ‘Transición, impunidad…¿democracia?’ a cargo de José María ‘Chato’ Galante, miembro de CEAQUA (Coordinadora Estatal de apoyo a la querella argentina contra crímenes del franquismo); Iñaki Egaña, de Euskal Memoria Fundazioa; y Josu Ibargutxi, de la ‘Plataforma vasca contra los crímenes del franquismo.
Por último, el viernes se proyectará el documental ‘Unidos por un sueño: Vitoria Gasteiz, 3 de marzo de 1976′, que recoge el testimonio de las personas que llevaron aquella lucha, desde las Comisiones Representativas de las fábricas a los heridos pasando por los familiares de los asesinados, un trabajo que pretende mantener vivo el recuerdo de aquella lucha.
Posted: 24 Feb 2014 02:33 AM PST
Los campos de concentración se suelen asociar más bien a los nazis, pero también fueron una realidad en la España de la postguerra, aunque su creación fue aún más temprana en las zonas ocupadas en los días o semanas posteriores al golpe militar del 18 de julio de 1936, como Andalucía occidental. Franco, de ese modo, se convirtió en alumno aventajado de Hitler, que recurrió a encerrar a opositores en recintos de concentración poco después de su nombramiento como canciller de Alemania.
Los investigadores calculan que medio millón de españoles pudieron pasar por los 188 campos de concentración del franquismo, 55 de los cuales se ubicaron en territorio andaluz con unos cien mil presos. La Sevilla de Queipo no tardó en verse “rodeada de una corona de espinas y acero” -en palabras de la historiadora sobre el trabajo esclavo Lola Martínez- formada por los campos de pueblos y áreas de su extrarradio como Guillena, Los Remedios, Heliópolis, Los Merinales, La Corchela, El Arenoso, Torre la Reina, La Algaba, Torre del Águila, Alcalá de Guadaíra, etc.
El desmedido afán represivo de los golpistas llenó rápidamente las cárceles y hubo que habilitar recintos adicionales para encerrar a los opositores como plazas de toros, cines, instalaciones industriales y hasta barcos como prisiones flotantes. José Luis Gutiérrez Molina, coautor del libro El Canal de los Presos (1940-1962). De la represión política a la explotación económica, explica que como la represión se cebó en los trabajadores y jornaleros, el régimen tuvo que recurrir a ellos para evitar un colapso total en la producción industrial y agraria, estableciendo como norma el trabajo esclavo de decenas de miles de presos políticos. Y antes incluso de que acabara la guerra, en 1938, Franco dio carta de naturaleza oficial a esta práctica con la creación del Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo que gestionaba movilización de millares de presos en colonias penitenciarias militarizadas o batallones de trabajadores como mano de obra barata en grandes obras públicas o privadas.
En Andalucía destacan especialmente dos grandes proyectos faraónicos. Por un lado, la fortificación militar del entorno del Estrecho de Gibraltar en la que participaron 15.000 presos republicanos, según el historiador José Manuel Algarbani, y el Canal del Bajo Guadalquivir, popularmente conocido como el Canal de los Presos, en el que trabajaron 2.500 presos para redimir penas a razón de una jornada de labor por dos o tres días de condena en presidio hasta 1962.

Harapientos en la Isla de Saltés como almas en pena

Dejando a un lado la norma general que relacionaba el sistema concentracionario y el trabajo esclavo, hubo también campos de concentración en los primeros años de la postguerra que se caracterizaron por la extrema dureza de las condiciones de vida para los internos. Ejemplos de ello son el recinto habilitado en Saltés, una isla de difícil acceso incluso para los mariscadores en plena marisma entre Huelva y Punta Umbría, rodeada de agua entre esteros y caños de marismas, fangosos e intransitables.
El periodista onubense Rafael Moreno, en su reciente libro Perseguidos, aporta documentación y testimonios de testigos que dibujan un panorama apocalíptico para los miles de presos republicanos que, tras un penoso viaje en buques cargueros como si fueran ganado, llegaban al muelle pesquero de Huelva. “El de Saltés -dice Moreno- era un campo de clasificación donde se llegaron a hacinar casi 3.200 personas en los meses posteriores al fin de la guerra. No tenían ropa y la comida era un chusco de pan con agua salobre donde se cocían huesos podridos. La gente de Punta Umbría los veía desde la otra orilla deambulando harapientos como almas en pena”.
Siendo escaso el presupuesto oficial que la Administración franquista destinaba a estos recintos, no cuadraba con las infrahumanas condiciones de vida que padecían estos presos, que en su mayor parte eran excombatientes del Ejército republicano capturados en Catalunya y Levante en las últimas semanas de la Guerra Civil. Tanto fue así que la población del entorno tuvo que hacer un esfuerzo de solidaridad en aquellos años del hambre haciendo acopio de enseres, ropa y comida para evitar una auténtica catástrofe humanitaria.
Rafael Moreno reconoce que “muchos murieron de hambre o torturados en aquel recinto temporal, donde miles de personas permanecían durante meses en espera de traslado”, aunque matiza que “no está demostrado que hubiera un exterminio masivo”.

Murió de hambre y frío la mitad de los presos mendigos

Muy cerca de Sevilla, en el municipio de La Algaba, las autoridades franquistas de la provincia decidieron aprovechar en 1941 el recinto del campo de concentración de presos creado poco después de la rápida toma de la capital por Queipo y los sublevados para crear un campo de concentración para “mendigos reincidentes”, como señala la historiadora María Victoria Fernández Luceño, autora del libro Miseria y represión en Sevilla (1939-1950).
La investigadora contextualiza el problema: “La capital se había convertido en un polo de atracción de muchos perdedores de la guerra que llegaban allí llevados por la ilusión de rehacer su futuro pensando que Sevilla seguía ofreciendo oportunidades como en los años previos a la Exposición Iberoamericana del 29″. Y no era así.
El legado de Queipo era un legado de miseria, represión, luto y tristeza. “Gente joven procedente de toda Andalucía, muchos huérfanos a los que sus madres no podían mantener sólo podían mendigar y vagar por las calles. La policías los retiraba de las calles y los enviaba al albergue municipal donde podían permanecer como máximo tres días y luego volvía a lo mismo”, precisa Fernández Luceño. Es por ello que se crea el campo para mendigos reincidentes en el viejo campo de concentración de Las Arenas en La Algaba, donde eran enviados de forma definitiva para “depurar el paisaje urbano capitalino”.
Desde septiembre de 1941 hasta agosto de 1942 permaneció abierto aquel recinto infernal, por donde pasaron unas 300 personas, de las que algo más de 140 fallecieron de hambre, frío y enfermedades. Murieron casi la mitad. “Yo he visitado Auschwitz y otros campos nazis y el campo de La Algaba era muchísimo peor. Los internos no tenían para comer, iban medio desnudos con un baby harapiento y dormían sin techo. Aquel invierno morían varios cada día y la gente del pueblo se escandalizaba del trasiego constante de muertos”.
Aunque el médico ponía en sus informes que todo estaba perfecto, la verdad es que por ningún sitio se veía el dinero oficial destinado para el mantenimiento del recinto. “El celo profesional era tal que una vez fue dado por muerto un interno muy enfermo que “resucitó” cuando iba a ser enterrado, dando un susto de muerte al sepulturero”, añade la historiadora.

Los campos de muerte del nuevo Estado

Sin ser campos de exterminio propiamente dicho, como los grandes campos nazis de Auschwitz o Mauthausen, estos dos recintos franquistas fueron en gran medida campos de muerte a juzgar por la elevada mortandad por hambre, frío y enfermedades entre los internos, y porque las condiciones de vida para dormir, comer y vestir fueron bastante peores que las padecidas por los deportados en los campos de concentración de Hitler. Por si fuera poco el escaso presupuesto consignado para su mantenimiento se quedaba por el camino entre los encargados que gestionarlo y distribuirlo, evidenciando la esencia corrupta del régimen.
No hay que extrañarse de esta estrategia, ya que dirigentes falangistas españoles que, a la postre, eran admiradores del dictador del Tercer Reich, respaldaban la cruel política represiva del Nuevo Estado. “Tendréis envidia de los muertos” llegó a decir Ernesto Giménez Caballero como mensaje a los supervivientes vencidos.
O este amenazante y nada exagerado titular en grandes caracteres publicado en un diario falangista gaditano en 1937: “Crearemos campos de concentración para vagos y maleantes, para políticos, para masones y judíos, para los enemigos de la patria, el pan y la justicia. En territorio nacional no puede quedar ni un judío, ni un masón, ni un rojo“. Toda una declaración de intenciones que distó poco de convertirse en realidad.
Las víctimas de los campos de concentración del franquismo constituyen otra gran bolsa de olvidados de la represión franquista, como recuerda el historiador gaditano José Luis Gutiérrez, “ya que no han sido reconocidos oficialmente ni indemnizados en España“, al contrario de lo que hizo el Gobierno democrático alemán con las víctimas del nazismo.
Posted: 24 Feb 2014 02:30 AM PST
Se inicia un nuevo año para la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), con un proyecto en la cabeza. El colectivo se encuentra a la espera de que le den el permiso para desplazar desde El Bierzo un equipo a la localidad madrileña de Arganda del Rey, en cuyo cementerio se encuentra los cuerpos de tres jóvenes soldados.
Se trata de tres varones de 17, 19 y 20 años, que fallecieron en el año 1937 en acto de combate durante la guerra civil. El vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Marco González, ha afirmado que se trata de una actuación que se ha prolongado en tiempo por los “problemas” que se han encontrado.
“Habíamos pedido permiso al Ayuntamiento de Arganda del Rey y lo pusimos encima de la mesa del Juzgado, pero ese papel desapareció misteriosamente y hemos tenido que volver a iniciar el proceso. Estamos pendientes del nuevo permiso y, cuando nos los den, nos iremos hacia allí inmediatamente”, ha comentado González.
Cotejando ADN
Se trata, además, de uno de los pocos casos en los que ha mediado la Justicia, en principio por solicitud del Ayuntamiento de Arganda del Rey, aunque el vicepresidente de la ARMH afirma que es algo que también ven con buenos ojos. “Nosotros también lo queremos para que se nos digan cómo hacerlo judicialmente”.
En la provincia de León, sin embargo, los proyectos más inmediatos pasan, no por exhumaciones, sino por el último de los pasos de este largo proceso. La asociación está ultimando la devolución de los restos de tres maquis exhumados en Lugo, así como una entrega más, la de otro maqui, Bernardo Álvarez Trabajo, cuyos restos se han cotejado con el AND de una hermana, aunque la Universidad de Barcelona ha ofrecido su colaboración para tratar de comprar las muestras con otro familiar para “ver cómo es más fácil”.
El trabajo que no se ve
En el pasado 2013, el primer desde que se comenzaron a notar los recortes, cayó de forma drástica el número de proyectos de la ARMH y las exhumaciones de fosas. La falta de recursos impide que se pueda prolongar en el tiempo la estancia de los voluntarios y de las máquinas en un mismo lugar si no hay resultados positivos y es necesario, cada vez más, atinar bien las zonas que se eligen, donde hayan evidencias suficientes de posibles restos.
Pero, entre tanto, el trabajo no para. Las labores de investigación, el trabajo de laboratorio o el archivo acaparan los recursos de voluntarios y colaboradores mientras se buscan lugares para actuar sobre el terreno. Ahora, mediante un convenio con la Universidad Complutense de Madrid, cuatro alumnas se encuentran “poniendo en orden” correos recibidos desde el año 2000. “Trabajo no deja de haber. Si no estamos exhumando, nos estamos dedicando a otros asuntos necesarios para que se desarrollen con normalidad las actividades de la ARMH”, ha concluido Marco González.